Qué ver en Fuerteventura: los pueblos, las playas y el viento
Actualizado 6 de septiembre de 2026 · 8 min de lectura
Una isla vieja de la que ya no queda mucho
Fuerteventura es la isla más antigua del archipiélago. El vulcanismo que la levantó se remonta a unos 20 millones de años, y desde entonces el mar la va deshaciendo. Lo que ves hoy es el resto: lomas redondeadas y peladas, llanuras amplias, campos de lava desmenuzados en cascajo. El punto más alto de la isla, el Pico de la Zarza, en la península de Jandía, llega a 807 metros. En Tenerife, a esa altura el bosque apenas empieza.
El resto de las cifras explica lo demás. 1.660 kilómetros cuadrados, poco menos de 100 kilómetros desde la punta norte hasta Punta de Jandía, al suroeste, unos 30 kilómetros en su parte más ancha – y solo unos cinco en el Istmo de la Pared, donde Jandía se sujeta al resto de la isla. De los 325 kilómetros de costa, unos 55 son arena fina. Esa es la razón por la que viene alguien hasta aquí.
Lo que la isla no es
Verde no es. No hay bosque, no hay arroyos, no hay una franja de nubes como en La Gomera o en el norte de Tenerife. Las palmeras están donde alguien las plantó y las riega. Entre febrero y abril, después de la lluvia, puede quedar unas semanas un velo verde sobre las laderas; el resto del año la isla es parda, ocre y negra. Si para ti un paisaje pasa por la vegetación, aquí no vas a estar a gusto.
Cascos antiguos con vida tampoco hay. Betancuria, fundada en 1404 como primera capital y colocada a propósito lejos del mar, entre montañas, para que los piratas no la vieran, tiene hoy unos doscientos habitantes. La iglesia de Santa María arranca en 1410, fue destruida en un asalto en 1593 y reconstruida en varios estilos. Merece la visita, pero es media mañana y no una escapada urbana. Puerto del Rosario, la capital actual con más de 34.000 habitantes en el casco, es una ciudad portuaria y administrativa y no pretende ser un destino de vacaciones.
Y calma casi nunca hay.
Aquí el viento no es el tiempo, es el rasgo de la isla
El alisio cruza Canarias desde el nordeste, y Fuerteventura es demasiado plana para frenarlo. En las islas altas el aire choca contra las montañas y se forman caras de sotavento donde de verdad hay calma. Esas montañas aquí no existen. El mes más ventoso es julio, con una media en torno a 27 kilómetros por hora, y de abril a agosto la temporada de viento no se interrumpe.
Eso tiene dos caras, y las dos cuentan al planificar. Por un lado, la isla es por ello una de las zonas de deportes acuáticos más fiables de Europa: las clases de surf empiezan en 50 euros, y el apartado de windsurf y kitesurf queda bastante por encima, con una mediana de 130 euros, porque ahí se cuentan sobre todo cursos de varios días con material. En la Playa de Sotavento, al sur de Costa Calma, el mar se retira varios kilómetros con la marea baja y deja una laguna poco profunda detrás de una barra de arena; en Risco del Paso se disputa la copa del mundo en verano.
Por el otro lado significa que una toalla en una playa abierta y sin resguardo no da una tarde tranquila en julio. Vuela la arena, vuela el libro, y el viento refresca tan bien que la quemadura la notas por la noche. Si quieres tumbarte al abrigo, busca las bahías – las lagunas de El Cotillo, la bahía artificial de Caleta de Fuste, la playa urbana de Morro Jable. Con niños muy pequeños el viento cambia tanto el reparto del día que da para un tema aparte: Fuerteventura con bebé.
El norte: Corralejo, las dunas y Lobos
Corralejo está en la punta norte. Justo al sur empieza el parque natural con las dunas móviles, 2.668 hectáreas que se extienden a lo largo de unos diez kilómetros de la costa este. La arena es clara, el agua turquesa, y como detrás de la playa no hay una hilera de hoteles, la estampa es la del folleto. Eso sí, la corriente y las olas de ese tramo hay que tomárselas en serio, y las dunas son espacio protegido, no terreno de buggies.
Frente a la costa está la Isla de Lobos: deshabitada, llana, con un solo restaurante y un cono volcánico. La travesía desde Corralejo dura unos 15 minutos en lancha rápida y cuesta de 16 a 17 euros ida y vuelta. La visita exige una autorización gratuita del Cabildo de Fuerteventura, porque el parque natural está limitado a 200 visitantes a la vez, en dos turnos, de 10 a 14 y de 14 a 18 horas. Algunos operadores la tramitan por ti y otros no. Esa es la única pregunta que de verdad tienes que hacer antes de reservar, y el sistema puede cambiar. Con 25 excursiones y 11.547 reseñas, Isla de Lobos es el bloque más grande de toda la oferta.
A unos 20 kilómetros por carretera hacia el oeste, por la FV-109 hasta Lajares y luego la FV-10, en unos 20 minutos, está El Cotillo, un pueblo de pescadores sin moles hoteleras. Al norte del pueblo, unos arrecifes forman una serie de lagunas poco profundas donde apenas entra marejada; detrás se levanta el Faro de Tostón, con sus tres torres. Tierra adentro, junto a Lajares, un sendero señalizado sube al borde del cráter del Calderón Hondo, cinco kilómetros largos ida y vuelta. Las últimas erupciones quedan a miles de años. Fuerteventura es Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 2009 y Reserva Starlight reconocida desde 2015; la visita guiada de observación de estrellas en el Calderón Hondo cuesta 45 euros y tiene 4,8 estrellas con 936 reseñas.
El sur: Morro Jable, Jandía, Cofete
Morro Jable es el núcleo turístico más meridional, a algo más de 100 kilómetros por carretera y alrededor de hora y media de Corralejo. Del puerto salen los barcos de avistamiento de ballenas y delfines: el paseo de dos horas con bebidas y parada de baño cuesta 49 euros y, con 5.142 reseñas, es la excursión con más reseñas de la isla – con 4,2 estrellas, empatada con una excursión en buggy como la nota más baja del top 20. Los animales salvajes no dan una función, y quien espere una garantía se llevará un chasco. Todo el apartado de avistamiento de ballenas y delfines empieza en 40 euros. Que un paseo así sirva para los niños depende del tipo de barco y no del precio: paseo en barco con niños.
Detrás de la cresta, en la vertiente atlántica de Jandía, está Cofete: doce kilómetros de playa, una docena de casas y nada más. Es el sitio más impresionante de la isla y aquel en el que no conviene bañarse; la corriente y el rompiente son fuertes y no hay vigilancia. El acceso desde Morro Jable es una pista de tierra con curvas que cruza la cresta. La mayoría de los contratos de alquiler excluyen las carreteras sin asfaltar de la cobertura, lo que en la práctica significa que cada picotazo de piedra lo pagas tú; lo que vale en tu caso está en tu contrato. Por eso Cofete es con diferencia el destino terrestre más reservado: el safari en jeep cuesta 65 euros por tres horas y está en excursiones en buggy, que arrancan en 60 euros. La variante con la Villa Winter cuesta 57 euros por cuatro horas y va en excursiones.
Quien quiera caminar sube al Pico de la Zarza desde Morro Jable. El sendero no tiene sombra y la cima suele estar en nubes, pero la vista cae en vertical sobre Cofete. Para menores de cinco años no es plan, y para ellos hay otros caminos: Fuerteventura con niños pequeños.
El centro y la costa oeste
Caleta de Fuste está en la costa este, unos siete kilómetros al sur del aeropuerto. El núcleo nació sobre plano y tiene por tanto poca vida propia, pero cuenta con una bahía artificial resguardada, con entrada tendida y distancias cortas. Para una primera estancia en la isla o con niños pequeños es una base muy sensata, mira Fuerteventura con niños.
La costa oeste se ve mejor que en ningún sitio en Ajuy. Desde la playa de callaos negros Playa de los Muertos, un camino acondicionado recorre el acantilado y lleva en un cuarto de hora escaso a las Cuevas de Ajuy, cuevas marinas excavadas en la roca más antigua de la isla, de más de 100 millones de años y por tanto bastante más vieja que la propia Fuerteventura. La combinación de Betancuria, Ajuy y un mirador sobre el interior es el núcleo de casi todas las vueltas a la isla.
Qué se puede reservar sobre el terreno
La oferta reúne 190 excursiones desde 12,50 euros, con una mediana de 69 euros y 55.597 reseñas en total. La mayor parte transcurre en tierra: 83 propuestas en excursiones, desde el taller de queso de cabra hasta las salidas astronómicas y el Oasis Wildlife junto a La Lajita, cuya entrada cuesta 41,50 euros y que, con 3.596 reseñas, es la segunda posición más reservada de todas.
En el agua hay 29 propuestas de snorkel y buceo desde 27 euros y 17 excursiones en catamarán desde 50 euros, con una mediana de 75 euros. En los cursos de windsurf y kitesurf llama la atención una cifra muy pequeña: 13 propuestas, pero solo 77 reseñas. Eso no quiere decir que los cursos sean malos, sino que casi todo el mundo los reserva allí mismo en la escuela y no por adelantado. Con tan pocas voces no conviene apoyarse en ellas para comparar.
Y luego está la isla vecina. Lanzarote queda a un trayecto corto en ferry, y la excursión de un día a Timanfaya es el único cambio de isla que desde aquí funciona como excursión. Cuánto cuesta, cuánto dura, si merece la pena y qué isla te encaja a ti en primer lugar se cuenta en el artículo hermano sobre las Islas Canarias.